Cap. 10

“La cena sobre escritura”
mes

SON:

Allí, en el comedor grande de dentro, se hallaban todos los que Cazuela, el nieto de la Filomena, había enviado recado para que se estuvieran, y tener reunión sobre escritura. Más algún otro, que entró como de pasar por medio.
-¿Dónde me siento?-, preguntó Don Frasco, el maestro de primeras letras.
-Doce sillas son dispuestas al lado de la mesa-, contestó La Chela-. Una de ellas, cualquiera, dispuesta está a aplanar sus posaderas. Libres son todos para ubicarse en donde parezca. Eso sí, dejad un puesto a Cazuela, que al cabo, de por él nos cenaremos en este anochecido.
-La gentileza del varón con una dama, aunque no sea caballero, ha de ser que tú, Chela, os sentéis primero-. Manifestó Alonso Hernández, compañero de andanzas y aventuras de Ruy Mimbarrejón, desde lo pasado con el río, los pleitos y la cárcel.
-Eso-. Apostilló Catarino, el ayudante de Miguel Cervantes, que varios vinos había tomado antes de entrar a cenar, con Frei Alfonso, y el Alguacil.
– Cuidado no han de tener ustedes en esto, que sola sé dónde y cómo he de sentarme-. Explicó La Chela, sentándose en un pico de la mesa, junto al nieto de la Filomena. Quedándose, al otro lado, frente a ella Ruy, y los otros de seguido en los lados de la mesa, excepto Miguel Cervantes que consideró sentarse en el sitio opuesto de Cazuela.
Sobre la mesa, las criadas y ayudantas de la mesonera habían dispuesto tres cacerolas llenas de breve de tenca, cuatro jarras de vino tinto, doce vasos, tenedores y cuchillos, dos bandejas de barro con lechuga y hortalizas, llevadas por el mozo de la huerta, con aderezo de sal y aceite, y varios panes de kilo y cuarto, que de paso llevase Cazuela de la tahona.
Presuroso se levantó Frei Alfonso, que sin mediar más palabra oró cristianamente:
– Benedic, Domine, nos et haec tua dona quae de tua largitate sumus sumpturi. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
A lo que, por no saber latín los de la villa, se respondió:
– Ad cenam vitae aeternae perducat nos, Rex aeternae gloriae.
-Amen-. Contestaron todos, que esto si se lo sabían-.
-¿Qué ha dicho?-. Preguntó Evaristo a Miguel Cervantes por lo bajo-.
-Bendícenos, Señor, y bendice estos dones con los cuales seremos alimentados por tu largueza. Que el Rey de la eterna gloria nos conduzca a la cena de la vida eterna-. Respondió al guitarrista-.
-Siendo así, Jesús por mi lado-.Replicó Evaristo.
Unos se comenzaron a coger rebanadas de pan y tajadas de tenca. Otros a tomar las jarras de vino y llenarse el vaso propio.
De la poca casquera que se oía en el inicio de cenar, La Chela consultó a los comensales cómo andaba de sal el guiso. A lo cual, los presentes asintieron con la cabeza sin soltar bocado. Solamente Miguel Cervantes respondió:
-Mano equilibrada atesora la guisandera, qué sabroso es este plato. En muchos sitios he llenado la andorga, más nunca sabor igual he encontrado. Cumplimente Chela a las mujeres de la cocina en lo a mi tocante.
Con humildad se ahuecó la mesonera de oír las palabras del ilustre escritor, hablándole de dar su parte a las ayudantas, mencionando a la tía Vitorina, y alabando su experiencia en el arte de cocinar. De ser tal, que en todas las bodas de la villa era reclamada.
Vaciándose iban las cazuelas a chico paso, mientras que las jarras de vino se iban quedando a espeje.
Al tanto se estaban Evaristo y Casimiro riéndose de propias andanzas de por los pueblos a los que a tocar habían ido, el Alguacil se las parlaba con el maestro, Catarino y Frei Alfonso. Y a los otros, Ruy Mambarrejón, Alonso Hernandez, Cazuela y La Chela, se las parlamentaban sobre el Cigüela.
Entre mientras de las conversaciones, Miguel Cervantes, interrogó sobre la procedencia del vino y el guiso de la cena.
-Muchos años ha de la salida de mi pueblo natal, Alcazar, más no recuerdo este plato de tan buen gusto creado. Y del vino, muchos he probado, que de mi parecer bueno es, saboreando que es recio. ¿Es criado en esta villa o es traído de otro lugar de La Mancha?
-El plato concebido es con pez de tenca-, contestó Frei Alfonso-, de las que se crían muchas y grandes en las lagunas de este concejo. Mi criada en algunos días de precepto me prepara al saber que es de mi gusto. En cada casa tienen su mano para la salsa y aderezo, y a Dios que el de esta noche exquisito nos resulta. Mas del vino, no se la procedencia.
-De los toneles de la bodega del tío Valdepeñas están sacados-. Afirmó La Chela-, que al comprarle cantidad, a buen precio me resulta.
-¡Brindemos pues, por este vino, y por Cazuela, que de su gusto ha sido el que participemos esta noche en la misma mesa!-. Invitó Miguel Cervantes.
-Salud-. Dijeron todos.
-Per Christum, Dominum nostrum-. Ofreció Frei Alfonso.Avanzada estaba la cena entre conversaciones, risas, y coloquios de unos y otros. El nieto de la Filomena que hasta la presente no había querido interrumpir el seguido yantar de los que a la mesa se estaban, hablaba con Ruy y con la mesonera. Algún planteamiento ya les había hecho, y se esperaba a que las criadas del mesón retiraran algunos trastos y bandejas del tablero.
En esa disposición se estuvo la mujer del mesón, llamando a las ayudantas, que de presto acudieron a recoger, la Ramira, Reparada, Romualda, y Rudesinda.
Habiéndose ya más hueco y comodidad de espacio, Cazuela tintineó un vaso con el cuchillo, buscando la atención de los presentes.
-Ea, mozo, di, que en vilo nos tienes desde que hablaste al tío Nieves de que nos estuviéramos aquí para hablar sobre escritura-. Demandó Frasco, el maestro de primeras letras-.
Sentado, el nieto de la Filomena agradeció la presencia de los que había y continuó la plática:
-Verán ustedes, muchas son las horas diarias que me encuentro en la huerta, unas aplicado en los trabajos, y otras muchas viendo como el sol sale por un sitio y se pone por el contrario. De por eso es que en entretenerme pienso. Mis letras alcanzan hasta donde la tía Valentina me instruyó y leído tengo algunos libros de los que el Alguacil me deja ver en la Casa del Concejo, y de otros que en este mesón tiene esta mujer que esta noche nos da hospitalidad. Días atrás, mi poco juicio se las compuso para que mi fantasía tuviera atrevimiento. De resumir, que la ilusión es ponerme a una mesa y redactar aconteceres de nuestra villa. Notables y queridas personas se están aquí en esta noche, a los que respetuosamente pedir que su permiso dieran para nómbralos en los renglones que escriba, interrogándoles también sobre el parecer de este anhelo mío.
-Osado es el intento-. Habló Don Frasco, el maestro-. Saber tienes que para componer un libro se ha de tener muchas luces y estudio. Maestro soy, y estudios tengo, mas todavía no ha sido ese mi atrevimiento. Si mi opinión demandas, obligado estoy a decir que procures abandonar ese empeño.
A lo que Evaristo contestó:
-Si su gusto es, yo no veo impedimento. Acordes básicos se de mi guitarra, y a las casas y pueblos llevo cantares sin disgusto de la concurrencia.
-Por nuestro Cristo de la Santa Vera Cruz, no se interprete mal mi pensamiento, más digo: no ha muchos días, casi entrándome a la Ermita, sentado andabas dibujando. ¿Acaso la ventura es que dedicarte a la escritura quieres darte también?. Uno de tus dibujos vi, plasmada la Ermita, y de sujetarme tuve para no mudar tu ánimo. Dicho te dije, que para pintar, en buenos maestros se había primero de aprender. No ocurriera que a ti también te diera por pintar con frescos propios de coliseo el interior de donde se halla nuestro Señor, como aquellos que lo hicieron para mi disgusto tan grande.
-Si el entretén de Cazuela es estarse aplicado en dibujar y darse a la escritura, bien está su determinación-. Habló Alonso Hernández-.
-Nos, de pocas letra soy-. Participó la mesonera-. Y poco he de mencionar. Mas habiéndose entre nosotros Miguel Cervantes, él mismo podría manifestarse de esta cuestión.
-De por mí, licencia tienes para nombrarme en lo que escribas-. Aprobó Ruy Mambarrejón-. Disgusto no me causas, si no contento.
Miguel Cervantes que escuchando a los demás se estaba, abrió boca para participar en la polémica.
-Lantero voy siendo, y recuerdo todavía del encuentro con las letras en la comunidad de Santa Catalina en Alcalá, y de mis seis años fijabame ya en la picaresca. Soldado de mil aventuras he sido, con dichas e infortunios, la libertad y la cárcel he conocido por los caminos recorridos. Dura vida, como todos, al fin. Y todo enseña. Escribir de lo sufrido y gozado esquiva la desesperanza, estimula el alma y aligera la imaginación, donde sus dominios te llevan a los lugares nunca soñados. Escribir, al hombre vuelve tolerante y paciente con los unos y con otros. Conocerse a uno mismo impulsa. A reírse de todo, y primero de uno mismo sitúa.
De ver a Cazuela de otras estancias de paso por la Villa en este mesón tengo recuerdo, más palabras directas nos dijimos el otro día en la plaza del mercado estándonos comprando en el puesto de la hortelana. Ya me habló de esta noche en cena y reunión, y curiosidad tenia de ver sus intenciones e interés por las letras escritas, que según veo, relatar de esta villa es su deseo.
De seguir camino hasta Andalucía es mañana, desde donde a la vuelta de tres meses he de pasar por esta casa y llegarme a Toledo. En esos días, si el progreso de tu escritura es perseverado, alegrarme sería que copia me dejaras de lo llevado escrito.
Soy yo, con humildad dicho, famoso y conocido por mis libros escritos, y aún así la vida he de buscarme. A no por ello se ha de privar a quien guste de practicar cualquier arte, ni a gozar si con ello lo disfruta. Atrayente es la idea del muchacho, que sin ayuda de maestros, deseos tiene en adentrarse en la experiencia de la pluma.

Viendo el mozo que algunas jarras no daban más de sí, pidió a la mesonera encargara rellenarlas.

-Razonamiento no le usurparé, Don Miguel.- Entró de nuevo a debate Frei Alfonso-. Más de ponerse a una cosa, sin saber, poco o nada se ha de esperar.
– Señor Prior-, participó La Chela-, tomada la tiene con el mozo.
-Razones le acompañan-, dijo Don Frasco-. ¡Qué atrevimiento más grande! ¡Y mas habiendo un estudiante y dos licenciados por Salamanca nacidos y vecinos nuestros!.
-Si eruditos son y de lo propio no les interesa, poca disposición tienen a esta villa-. Señaló Evaristo-.
-De mis trece no me salgo-. Observó el maestro-.
-¡Atender la que le ha entrado!-. Exclamó Casimiro-.
-¡Maestro, al grulle suelta usted las palabras!-. Achacó Evaristo-.
-¡Tente, Evaristo!-. Se defendió Don Frasco-.
-Si tente, estoy.-Contestó-, mas si fuese tan supío, afánese en escribir de la villa y al muchacho deje de gruñir.

Apareció al salón donde la cena, Ana, la de la tienda de telas, a espachar tres jarras llenas de vino a la solicitud de La Chela. Algún que otro concurrente se estaba ya templado por motivo del vino. Alonso Hernández y Frei Alfonso entretenidos se hallaban entre comentarios y replicas entre ellos. El Alguacil y Catarino, el ayudante de Miguel Cervantes, colmaban los propios vasos de caldo tinto. Evaristo y Casimiro aludían a estrofas y arpegios de un cante de Tomelloso. Miguel, en esto, levantose y aproximó al otro lado de la mesa en donde sentados estaban La Chela, Cazuela y Ruy Mambarrejón. Dispuso su mano en el hombro del nieto de la Filomena, al tiempo que preguntaba:
-¿Y de ultimar tus escritos de los aconteceres de la Villa Franca, ¿a qué propósito te tienes de hacer con ellos?.
– Si entre la faltriquera de mi abuela y el reten de mi bolsilla alcanzara, estampar lo escrito y dibujado en libro cosido empeño tengo-. Respondió Cazuela-.
Oyéndolo, Frei Alfonso, quiso poner una comilla.
-¡Calentura te ha entrado en los sesos! ¿No te es sobrado con entretenerte con la pluma, que a más, divulgarlo quieres?.
-Mi ambición no es ser reconocido, si no ayudarme a saber quién soy yo mismo-. Alegó Cazuela-.
-Honesta es tu proposición-. Dijo Miguel Cervantes-. Elogiando el propósito del mozo.
Don Frasco D´Avellana habiendo vaciado el último vaso servido, solicitó a la moza Ana rellenar hasta el borde el mismo. Prontamente la joven acercóse al maestro en su requisitoria, le colmó la copa, de tal modo que al inclinarse la casualidad dio de rozar con sus pechos el hombro del maestro. Osadía de inmediato causó en el de las primeras letras, llevando su mano a las nalgas de la que el vino de la jarra le dispuso. Sin terciar verbo alguno, la moza regaló tal mojicón en la jeta del maestro que en todo el comedor se oyó el tabanazo.

-¡Tardo es este maestro! ¡¿A qué albedrio se las procura con esa bizarría?!-. Dijo la mesonera con enojo-.

Miguel Cervantes distanció a la moza del de la mano larga, notando que Ana pretendía duplicar la bofetada a palma abierta y dedos juntos.
-Moderación hallemos caballeros, y tranquilidad tengamos-. Demandó el tío Nieves-. Si echar la espuela con el vino no domina, mejor que bebiera agua de los Pozos de Navarro. Si mareada la cabeza tiene, pilón de agua llena en el patio se encuentra.
– Dignáre, Dómine, die isto sine peccáto nos custodíre-. Suplicó el Prior en esta circunstancia-.

Arreglóse el alboroto saliendo el maestro Don Frasco al patio del mesón buscando aireo y más espacio. Con la calma todos se sentaron a lo que a la vez la moza Ana puso disculpa:
-De incomodar mi voluntad no tenía intención, un inconsciente chispazo sin tiempo de preguntar la mano a mi cerebro solo ha sido.
-Yerro no ha sido tuyo-. Le dijo el mozo de la Filomena-. Acompáñate de las criadas en la cocina, o reparte otra jarra si la compañía tiene sed.

 

(Continua)

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